Friday, February 28, 2014

MATEO 27:3-9 ( y 26:14-16) JUDAS

MATEO 27:3-9 ( y 26:14-16)

JUDAS

            Si hay una figura en el Nuevo Testamento que nos inspira horror, es la de Judas Iscariote.  Nos choca su mezquindad, luego su traición, su arrepentimiento insuficiente, y su suicidio.  ¿Qué podemos aprender de este relato?  Aparte de confirmar las profecías sobre Jesús, es seguramente un advertencia para cualquier persona que vive hoy en día.

           
I.  El hecho de estar asociado a un grupo de creyentes comprometidos no garantiza que hayas sido salvo.
1.                 Era “uno de los doce” (26:14).  “Era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio” (Hechos 1:17).
2.                 A veces, alguien cree que por ser miembro de una buena iglesia evangélica, está a salvo. Pero ni su profesión, ni su membresía le puede salvar.
3.                 El hecho de estar trabajando en el ministerio tampoco garantiza la salvación de nadie. Ha habido unas historias escalofriantes de personas en el ministerio que se han dejado ir en los peores pecados, y que al fin, han mostrado el mayor desprecio por las cosas de Dios.

II. El hecho de estar asociado a un grupo de creyentes comprometidos te hace más responsable por tu eventual rechazo del Señor.
1.                 Lo llamaron: “el hijo de perdición” (Juan 17:12).  No hay otra persona en la Biblia que recibe esa etiqueta, aparte del “hombre de pecado” en 2 Tesalonicenses 2:3.
2.                 Es Jesús mismo que usa esa expresión tan condenatoria.
3.                 Cuanto más conocimiento una persona tiene, menos excusa tiene, y mayor condenación tiene.
4.                 Tú que estás relacionado con un grupo de creyentes, que asistes a la iglesia, ten cuidado: si no has nacido de nuevo, si no te has arrepentido y recibido a Cristo en tu vida, tu condenación será grande.  No juegas con el Evangelio.  ¡Es peligroso!

III.  El hecho de expresar tu arrepentimiento por una cosa no significa que hayas arrepentido para salvación.
1.                 En los versículos 3-5, los sacerdotes no respetaron su arrepentimiento.
2.                 Hay muchas personas que actúan mal, y luego expresan su arrepentimiento después de que hayan actuado.  Es tarde para impedir las consecuencias. 
3.                 A veces ese arrepentimiento tardío es hipócrita, o sin fe, o incompleto.  Puede ser un arrepentimiento “por si acaso”.  Puede ser más bien un remordimiento.
4.                 Ese arrepentimiento no tiene validez si no te lleva a entregarte al Señor Jesús mismo.

IV.  Es posible ir más allá del alcance de la gracia de Dios.
1.                 “Se fue y se ahorcó” (v. 5).  No sabemos precisamente a qué punto había sobrepasado los límites, pero sí sabemos que una vez se había ahorcado, ya no le quedaba ninguna posibilidad.
2.                 El hecho de suicidarse no era la causa de su perdición; era la consecuencia de ella.
3.                 En Mateo capítulo 12, Jesús advirtió contra la blasfemia contra el Espíritu Santo.  En el contexto, parecía estar implicando que sus interlocutores, que veían sus milagros pero que insistían en considerar que él era del diablo, estaban en peligro de cometer este pecado, por el cual no hay perdón.  Ahora bien, sabemos que hay perdón para cualquiera que acude a Jesucristo.  Pero obviamente, hay quienes se endurecen hasta tal punto en su rebeldía que no pueden acudir a Cristo.  Eso es el pecado contra el Espíritu Santo; es pasar los límites.  Fue lo que hizo Judas, y puede ser lo que algunos harán hoy.  No sigas resistiendo a la llamada del Señor.  Acude a él, para que él trate tus pecados.


            Muchas personas consideran que son hijos de Dios por pertenecer a la iglesia cristiana.  Muchos se consideran aprobados por Dios porque están implicados en algún servicio cristiano.  ¿Es eso lo que identifica a un hijo de Dios?  Si es así, entonces estamos obligados a pensar que Judas era un hijo de Dios – y no lo era: era más bien un hijo de la perdición.  Por tanto, tendríamos que rehacer algunas de nuestras esquemas.  No se trata de estar en la iglesia; no se trata del servicio cristiano; tampoco se trata de una profesión de fe en Jesucristo, ni de seguirlo por un tiempo.  Una persona sólo es hijo de Dios si ha nacido de Dios, si ha nacido de nuevo.  Y tú, ¿has nacido de nuevo?

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