Saturday, February 22, 2014

MATEO 26:30-35; 69-75 - PEDRO


MATEO 26:30-35; 69-75

PEDRO

 Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” (26:35).

Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre” (26:74).

Pedro era un  buen discípulo.  Siempre estaba el primer dispuesto a expresar su lealtad al Señor.  Seguía al Señor de cerca, y quería estar con él.  Se enojaba al pensar que alguien pudiera maltratar a su Señor.  Se puede decir que amaba a Jesús.   Pero cayó.  Insistió en que no conocía a Jesús; maldijo y juró para demostrarlo; lo llamó “el hombre”, con cierto desprecio, o al menos distanciamiento.  ¿Qué pasó?  Tú, ¿te imaginas negando a Jesús, pretendiendo no conocerlo?  Porque podría ocurrir.  Toda tu profesión de amor hacia él podría venir abajo en un momento de pánico.  Miremos los principios que podemos aprender de esta etapa de la vida de Pedro.

I.          Hay que confiar en Jesús para poder ser valiente
1.                 Mientras Pedro estaba confiando en Jesús, pudo sentirse leal y valiente (v.35).
2.                 Había visto los milagros, las señales, de Jesús.
3.                 Tenía a Jesús presente con él, como siempre, sin señal de cambio.
4.                 Estaba rodeado por los demás discípulos.
5.                 Nosotros, mientras tenemos los ojos fijos en Jesús, el Vencedor, seremos valientes.
6.                 Mientras estemos en comunión con otros creyentes, seremos valientes.
7.                 Busquemos ardientemente esa comunión con Jesús y con los demás, para no caer en alguna tentación.
II.         Hay que actuar por lealtad y amor hacia Jesús
1.                 Pedro tuvo la lealtad de ir donde estaba su Señor cuando todos los demás lo habían abandonado (v.69).
2.                 Jesús era preso, pero Pedro se atrevió a deslizarse dentro del lugar donde iba a ser juzgado. Era peligroso.
3.                 Con su amor no podía aguantar la espera: quiso saber lo que sucedía.
4.                 Cuando nuestro corazón nos impulsa a hacer algo por lealtad para Jesús, o amor hacia él, ¡hagámoslo!
III.        No hay que estar demasiado pronto para proclamar su valor en público.
1.                 Pedro proclamó un valor y amor extremo, cuando no le costaba nada hacerlo.  Pero fue humillado.  (v.33,35, 74-75)
2.                 Es interesante que Pedro empezó comparándose hipotéticamente con los demás discípulos.  Eso aumenta la humillación.
3.                 Fue una forma egoísta de proclamar su valor, además de orgulloso: no le importaba cómo quedaban los demás discípulos.
4.                 Cuando se trata de quién es más valiente, o quién sería más valiente, es mejor quedar callado, y, en secreto, determinar que actuaremos con el valor necesario cuando llegue la situación.
IV.        No hay que quitar los ojos del Maestro.
1.                 Cuando Pedro falló, no estaba mirando hacia el Maestro, sino hacia aquellos que le cuestionaban (v.69,71,73). Igual que cuando miraba a las olas en el mar.
2.                 Estaba en mala compañía (1 Corintios 15:33).
3.                 Estaba pensando, no en Jesús, sino en su propia piel.
4.                 Nosotros también, en las mismas circunstancias, fallaríamos.  Necesitamos mantener nuestros ojos sobre él, siempre (Hebreos 12:2).
V.       Hay que estar dispuesto a arrepentirse y volver a nuestro primer amor.
1.                 Pedro supo reconocer su pecado, avergonzarse de ello, y volvió a seguir al Maestro (v.75;  Juan 21:15-19).
2.                 Esto fue la diferencia entre Pedro y Judas.  Judas pudo salir y hacer su mala obra aunque Jesús le había confrontado con ello.  Cuando estuvo hecho, lo único que Judas pudo hacer, en vez de ir al Señor en arrepentimiento, fue matarse a sí mismo.
3.                 Vemos el paralelismo con Saúl y David.  Saúl hizo excusas, siguió endureciéndose, y al final se mató a sí mismo.  David pecó gravemente, pero al ser confrontado con ello, dijo: “He pecado”.  Los Salmos 32 y 51 nos dan el testimonio de su sincero arrepentimiento.
4.                 Aprendemos que siempre hay perdón para cualquier pecado, si nos arrepentimos sinceramente.  No hemos de permanecer hundidos en el fango.

Hemos de cuidar nuestra lengua: porque cualquiera de nosotros puede caer, después de haber insistido en que no lo haríamos.   Pablo dice, en 1 Corintios 10:12, “El que piensa estar firme, mire que no caiga”, y en Gálatas 6:2 “considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.  Siempre es más fácil identificar el pecado y la debilidad del otro que permanecer firmes nosotros mismos.  Un sano conocimiento de nosotros mismos, sin embargo, nos empujará a aferrarse a nuestra comunión con el Maestro, manteniendo nuestros ojos fijos en él.  ¡Porque lo necesitamos!

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