Friday, February 7, 2014

MATEO 18: SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO


MATEO 18

SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO


1.         La importancia del más pequeño 1-5
2.         Advertencia contra el hecho de ser la causa de perder un pequeño 6-9
3.         Importancia y gozo de salvar a un perdido 10-14
4.         Responsabilidad de salvar a un perdido 15-22
5.         Un perdido salvo, salva a un perdido 23-35

Versículo clave:

"Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido." (Mateo 18:11)

A veces se critica a los evangélicos que utilizan expre­siones como "sal­var", "salvo", "perdido", etc., diciendo que se trata de un lenguaje "evangélico" que los demás no pueden entender.  Nos dicen que hay que cambiar de vocabulario; ¡hablar por ejemplo de "ayudar a una persona a realizarse plenamente en la vida" en vez de "salvarle"!

Sin embargo, este lenguaje era lo típico de Jesús y de sus discípulos.  Es el lenguaje más sencillo, más directo, y más descriptivo.  Nosotros los evangélicos necesitamos darnos cuenta de nuevo que la gente está perdido, y que necesitan ser salvo. 

En este capítulo vemos lo que dice Jesús sobre esto:  ¿Para quién habría que preocuparse?  ¿Quién es el más importante?  ¿Cuál es nuestra responsa­bilidad en su estado perdido? ¿Hasta dónde hemos de ir para salvar a un perdido? ¿Cuál es nuestra propia condición en esto?

I.  LA IMPORTANCIA DEL MÁS PEQUEÑO v.1-5
1.      A veces en la evangelización hacemos comparaciones entre la importan­cia de la gente.
2.      ¿A quién preferirías conducir al Señor, un pobre vaga­bundo que ha pasado los diez últimos años pidiendo limosna a los coches, o al propietario de un castillo?
3.      ¿El alma de quién tiene más importancia, el de un pequeño niño, o el del alcalde?  ¿Delante de quién te sentirías más impor­tante exponiendo el evan­gelio?
4.      La manera que nuestro Señor mide las cosas es muy distinta de la nuestra a veces (18:1-5).
5.      Si queremos serle útiles a Él, tenemos que aprender a pensar como Él.

II. NUESTRA RESPONSABILIDAD PARA CADA UNO (18:6-9)
1.      Es posible ser responsable por la perdición de alguien.
2.      Sería espantoso ser responsable de la perdición por aun el más pe­queño.
3.      ¡Hay peligro de ser responsable de tu propia caída!
4.      La respuesta radical para no ser ocasión de caer es tanto para ti como para otro: A cualquier precio evitas causar la caída de otro o de ti mismo. 
5.      Si verdaderamente tienes esta actitud, no serás piedra de tropiezo de nadie.  No cortarías un miembro de tu cuerpo.  Así, si el bienestar de otro te fuera tan importante para ti que un miembro de tu cuerpo, nunca haría caer a nadie.

III. LA IMPORTANCIA DE AUN UNO (18:10-14)
1.      ¿Qué es más importante, 100, o 1?
2.      Depende de quién está perdido.  Para el Hijo del Hombre, el alma perdido es más importante que aquel que es salvo.
3.      Por eso, cuando vienes a la iglesia por la primera vez, te hacemos mucho caso.  Una vez que estás establecido en el Señor, y hay un nuevo que viene, parece como si te ignoráramos, para hacer caso al nuevo.  Es igual en una familia.  Cuando nace un nuevo bebé los mayores parecen ser olvidados del momento.  Es que hay quien necesita más atención.
4.      Por esto es muy importante si el pastor está hablando con alguien al final del culto, que no vayas a inte­rrumpirle.  Los mayores en la fe deberían colaborar para proteger esta conversa­ción, es decir distraer a alguien que podría ir e interrumpir la conversa­ción.
5.      Aquí Jesús enseña no sólo la importancia del perdido comparado al que ya está a salvo, sino que es tan importante que va a cual­quier extremo para salvarlo.  Él fue al extremo de la cruz. ¿Hasta qué extremo irás tú?

IV. COMO EJERCER TU RESPONSABILIDAD 18:15-22
1.      El perdido no lo es siempre en el sentido eterno.
2.      El hermano puede estar perdiéndose en un pecado:
a.       perdiéndose la comunión con Dios
b.      perdiéndose la comunión con la iglesia
c.       perdiéndose la oportunidad de servir al Señor
3.      Este sentido de "perderse" se hace mediante del pecado.
4.      ¿Quién debe tomar la iniciativa?  ¿Y si ha pecado contra ti? ¿No debería venir primero a ti para pedir perdón? o si él tiene algo contra ti, y tú nada contra él?
5.      La responsabilidad siempre cae sobre ti.  tienes que ir a él.  ¿Por qué?  Porque él te necesita, y esto basta.  Porque él se está per­diendo en algo.  ¡VE!

V.    LA CONDICIÓN PARA BUSCAR AL PERDIDO 18:23-35
1.      Haber estado perdido tú también.
2.      Haber estado perdonado tú también.
3.      Reconoce cuan grande es tu deuda.
4.      Si no puedes perdonar una ofensa, tan grande como sea, es que al fondo no conoces el perdón de Dios hacia ti.  Él, el buen pastor, te fue buscando continuamente cuando no querías saber nada de Él, cuando sólo podía ver en ti tus pecados.
5.      De igual manera si crees que cierta clase de pecador es demasiado asqueroso para ser salvo, tienes que pregun­tarte si alguna vez has sido salvo tú.


Todo este capítulo, en efecto, da un resumen del propósito de Jesús en el mundo, y también tu razón de ser.  Has de preguntarte si estás cumpliendo con tu razón de ser, o si estás perdiendo tu vida en vanidades

No comments:

Post a Comment