Friday, June 13, 2014


Efesios 5:18-20
La Plenitud del Espíritu Santo

¿Qué es una vida llena del Espíritu Santo?  Se han hecho muchos errores sobre este tema. Yo mismo he seguido y enseñado algunos de estos errores.  Por ejemplo, algunos piensan que la plenitud del Espíritu Santo es una experiencia momentánea. Una traducción literal del versículo 18 en el griego no nos permite esta interpretación. Nos da más la idea de algo continuo, y progresivo. Se podría describir como siendo "cada vez más llenos del Espíritu Santo", o "siguiendo llenándoos del Espíritu".  (La expresión se traduce: "sino estaos llenando del Espíritu").  En otras palabras, el escritor inspirado quiere que el Espíritu Santo ocupe una parte cada vez mayor de nuestra vida. Es el camino de perfeccionamiento en Cristo.
Otros piensan que una vida llena del Espíritu Santo se manifiesta en dones espirituales impresionantes. Sin embargo, el Nuevo Testamento nos presenta más bien al Espíritu como siendo una Persona que cambia nuestro comportamiento y actitudes a medida que nos llena u dirige nuestras vidas.
En el pasaje que estamos estudiando ahora, vemos como el Espíritu Santo llega a ser cada vez más la dinámica de nuestra vida personal, de nuestra vida familiar, de nuestra relación con la sociedad, y de nuestras relaciones en la iglesia. Los versículos 18 a 20 nos exponen las maneras en las cuales el Espíritu de Dios manifiesta su "plenitud", con expresiones de gozo, con una actitud agradecida, y con sumisión.

Primero, notamos en este pasaje que el creyente a quien el Espíritu Santo esté llenando demostrará y expresará gozo, júbilo, alegría.  Lo demostrará, por ejemplo, mediante himnos, canciones, y coros espirituales. El cantar es una marca de gozo, pero también una ayuda para mantener el gozo.  Cantando, se aprende de memoria, y se vuelve a recordar, muchas verdades espirituales que producen gozo. Por eso la música cristiana tiene tanto impacto en nuestras vidas. La expresión al final del versículo 19, "alabando al Señor en vuestros corazones", podría igualmente traducirse, "haciendo música (con instrumentos) al Señor (mediante) vuestros corazones (o de todo corazón)".  No es sólo que la música demuestra un ambiente de gozo, sino que se dirige al Señor. No es una alegría carnal, sino un sentimiento de júbilo por el hecho que Dios vive, y reina. Así es una manera positiva y espiritual de expresarse. Nosotros mismos somos los mayores beneficiados de esta actitud. Nehemías nos dice que "el gozo del Señor será vuestra fuerza" (Neh. 8:10). Esta alegría expresa una victoria que no siempre se ve.  Por esto, nuestra postura gozosa es producto de la fe. No se puede separar la plenitud del Espíritu de andar por la fe (Gá. 5). Creo que las dos expresiones en la Biblia se pueden considerar como sinónimas.
A veces, creyentes con ciertos errores doctrinales tienen una mejor vida con el Señor que otros que parecen entender la doctrina del Espíritu Santo de una manera más clara y bíblica. La razón, en parte, puede ser su gozo.  Este gozo es su fuerza. También pueden tener más fe. Son positivas. Esperan cosas. Podríamos seguir perfeccionando y purificando nuestra doctrina, lo que sería positivo y muy importante, pero sin necesariamente conseguir ningún progreso en la batalla espiritual, por no tener este gozo y alegría. ¡Aprendamos a expresarnos con gozo, a cantar, a alabar al Señor!

La segunda prueba, o manifestación de una vida que se está llenando cada vez más del Espíritu es muy unida a la primera.  Es una actitud agradecida.  El apóstol nos dice: "dando gracias siempre respecto a todas cosas a Dios Padre en nombre de nuestro Señor Jesucristo" (traducción mía). El creyente debe estar mostrando agradecimiento en su vida. No basta con sentirlo. Normalmente, si no lo expresa de alguna forma, es que no lo siente. Notamos que el texto dice: "dando siempre gracias". Esto debe ser nuestro estilo de vida. Debemos ser personas que suelen dar gracias a Dios. Esta característica será una de las diferencias entre nosotros y el mundo. El problema es que caemos fácilmente en la trampa de tomar las cosas por adquiridas; las aceptamos automáticamente sin pensarlo.  Olvidamos de dar gracias: ¡pensamos que esto sólo vale para la comida!  El cristiano que se llena del Espíritu da gracias por todo, o, más bien, respecto a todas las cosas. No da gracias, por ejemplo por haber pecado, ni por haber sido "permitido a pecar", sino que da gracias por las lecciones que aprendió cuando pecó, y por el perdón. Así, el creyente da gracias por las buenas cosas que le suceden, y también da gracias en medio de las calamidades. Esto, lo hace por la fe, porque "sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).  El aprender a dar gracias respecto a todas cosas nos capacitará a "regocijarnos siempre", y también a someternos a Dios, a las circunstancias, y a los demás.

Por último, llegamos a aquella prueba de una vida que se sigue llenando del Espíritu, que nos puede parecer el más difícil. Es la prueba de la vida en comunidad. Esta prueba es la demostración de una actitud sumisa.  La sumisión deja actuar el Espíritu en nuestras vidas en vez de estorbarlo con el "yo". Esta sumisión no es la de un esclavo, sujeto a otra persona. No es ser subyugado, haciendo y aceptando las cosas por obligación. Más bien, la sumisión cristiana y bíblica es la actitud de una persona que sirve a los demás gozoso y voluntariamente. Tampoco es cuestión de una sumisión por causa de una posición inferior en el mundo social, o en la iglesia o en la familia. Esta idea se descarta por las palabras "los unos a los otros". Se dirige igualmente a los ancianos, diáconos, y todos los demás miembros. Esta sumisión es una expresión de amor, y es el contrario del egoísmo. En el pan diario hace unos años, hubo un artículo con el título: "Ira paralizadora".  Allí se contaba una historia que ilustra muy bien el problema del  egoísmo y su solución. Cuenta una fábula de un joven león y una cabra montés. "Muy sedientos, ambos animales llegaron al mismo tiempo a un charco de agua. Inmediatamente empezaron a discutir quién iba a beber primero. El desacuerdo llegó a tal intensidad que ambos decidieron que antes  morirían que dar al otro el privilegio de apagar su sed el primero. Mientras los dos se enfrentaban tercamente entre sí, su ira se transformaba en una cólera desenfrenada. Pero entonces algo les distrajo, y ambos animales miraron hacia arriba. Volando en círculos, una bandada de buitres se cernía sobre ellos, esperando que el perdedor cayera. Esto fue todo lo que necesitaron para dar fin a su pendencia." El egoísmo no quiere ceder hasta que se ve a obligado  a hacerlo. El amor cede con gozo porque se somete. La fe se somete con más facilidad, porque puede ver la mano de Dios en todo.
Jesús nos dio el ejemplo de tal sumisión en el huerto de Getsemaní, diciendo: "pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lucas 22:42).  Adán y Eva, al contrario, en el  huerto de Edén, hicieron lo mismo como si dijeran: "pero no haremos tu voluntad, sino la nuestra".  Es la diferencia entre andar por el Espíritu, y andar por la carne, el "yo".
Esta sumisión, el apóstol explica, se hace "en el temor de Dios", según nuestra traducción. Más literalmente, podríamos decir: "en la reverencia piadosa de Cristo". Si vemos a Cristo los unos en los otros, entonces aprenderemos a respetarnos los unos a los otros.
En la vida, muy a menudo, vemos que es el triunfador que sabe someterse. En la vida de Jacob con Dios, era tras haber sido llamado "vencedor con Dios" a Peniel, que pudo someterse, y así encontró la paz. Los que no se someten  no son triunfadores. Nunca lo han sido, y nunca lo serán. Por esto no tienen nada en el corazón para cantar, y no saben lo que es ser agradecidos.


¿Què sitio ocupa el Espíritu Santo en tu vida? ¿Está reinando en ti? ¿Le das una oportunidad? Si nos ocupamos sólo de cosas terrenales, no le damos posibilidades a él. Hemos de aprender a pensar en las cosas celestiales, y una cosa que nos influye en este sentido  tanto personalmente como colectivamente, es la expresión de gozo espiritual en himnos y coros. El agradecimiento también crece en la expresión de lo mismo. Por eso enseñamos a nuestros hijos a decir "Gracias". Diciéndolo, llegamos a sentirlo. Y colectivamente, el Espíritu Santo podría obrar entre nosotros en la medida en que practicamos una sumisión mutua sincera. El espíritu de egoísmo contriste al Espíritu Santo. Hacemos mejor si nos armonizamos con él,  para que pueda seguir llenándonos.

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