Saturday, April 25, 2015

UNA GUERRA CIVIL JUECES 12:1-7

UNA GUERRA CIVIL

JUECES 12:1-7


Lo triste, a veces, cuando uno ha ganado una guerra importante contra el enemigo, es encontrar que todavía le queda otra batalla. A veces es una batalla que no debería ser necesario.

En este pasaje, inmediatamente después de que Jefte hace morir a su propia hija, pensando hacerlo con buena conciencia, hace lo mismo con cuarenta y dos mil de su propio pueblo – todo en el nombre de Dios, todo con buena consciencia.

Puede ser que estos horrores fueron el resultado de los años de rechazo que Jefté sufrió a manos de sus hermanos: tratado como alguien que no valía nada. Luego insistió en ser rey si servía a su pueblo; era tan exagerado en su opinión de su propia consciencia, en su pundonor torcido, que pudo hacer morir a su propia hija como resultado de un necio juramento; y ahora, para reivindicar su liderazgo personal sobre el pueblo, hará morir a 42.000 Israelitas.

A veces algunos de aquellos que luchan fielmente contra herejías exteriores acaban haciendo destrozos también dentro de la misma Iglesia. La firmeza inquebrantable contra los enemigos de la verdad es igualada por su firmeza inquebrantable contra sus hermanos en la Iglesia, y así acabamos teniendo divisiones en la Iglesia.

Por ejemplo, hay cierta manera en que trataríamos a los blasfemadores, que niegan a Cristo, que intentan convencer a las personas de que Cristo no es Dios, que intentan llevar a las personas en la idolatría; ¿es en la misma manera que debemos tratar a los que claramente aman a Cristo, pero que a nuestro parecer enseñan algún error en algo que n os parece importante?

La actitud de los de Efraim:

v.1
Tenían envidia de la victoria de Jefté
v.2-3
Estaban más dispuestos a pelearse con su propio pueblo, y con su liberador, que con el enemigo.
Hay cristianos que son más dispuestos a gastar tiempo y energía a pelearse contra otros cristianos que participar en la pelea contra el enemigo, el diablo, que tiene el mundo bajo su poder.
v.5
“Shibolet” significa “lo que divide” o “lo que separa”.
Hay dos aplicaciones de esto:
Por un lado, Jesús dijo que era de la abundancia del corazón que habla la boca. Que es de la boca del hombre que sale lo que le condena.
Por otro lado, demasiados cristianos se sienten dispuestos a tener divisiones con aquellos que no pronuncian todas las doctrinas secundarias como ellos; quieren pelear contra tales; cortarles del pueblo de Dios. Exactamente como Demetrio en 3 Juan.



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